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Nació en Santo Domingo el 13 de agosto de 1936. Se inicia publicando en la colección Arquero que dirige
Antonio Fernández Spencer. En el prólogo a El sol y las cosas, titulado «Una poesía ordenada», este último hace la presentación
de Veloz Maggiolo enjuiciando a toda la joven poesía dominicana, de la que dice que ha llegado «al más empobrecido hermetismo»,
agregando: «de ahí que la palabra haya perdido su función de apuntar hacia los objetos y su misión iluminadora de las cosas.
La juventud lírica más reciente, incapaz de comunicar con certitud sus contenidos interiores, está produciendo una literatura
fracasada. Sus poetas más representativos padecen de horrible tartamudez literaria». Con este prólogo de juicios categóricos
y delimitadores trataba Fernández Spencer de interesar a los jóvenes con unas fórmulas claras extraídas de la tradición española,
presentándolas ya encarnadas en esta primera obra de Marcio Veloz Maggiolo. Debemos recordar aquí que este prólogo desata
una reacción no menos apasionada de los jóvenes de la promoción del 48, dando lugar a otro prólogo: «Un poeta y la función
poética», de Rafael Valera Benítez en La lumbre sacudida, y a un artículo de Alberto Peña Lebrón. Realmente las orientaciones
que recibe Marcio Veloz Maggiolo de Fernández Spencer son beneficiosas para el primero quien, además del mencionado libro
de poesía, poroduce una novela ejemplar: El buen ladrón, que también se publica en la «Colección Arquero» seguida de Creonte,
drama de un acto, y de Intus, Premio de Poesía Gastón F.Deligne 1962. Los dos primeros libros han labrado la reputación intelectual
de nuestro poeta. De El sol y las cosas dice Fernández Spencer lo siguiente: «...ha sabido ser consciente donde debía serlo,
e inconsciente donde también convenía. Por ello su poesía nos ofrece un equilibrio inusitado en un poeta de su edad (veinte
años) y en la más joven poesía dominicana». En cuanto a El buen ladrón, se impondrá por estas mismas cualidades, mereciendo
el premio de la Fundación William Faulkner, Universidad de Virginia, L.V., conjuntamente con obras de Asturias, Mallea, Graciliano
Ramos, etc. Después entrega a Brigadas Dominicanas su relato El prófugo y a la colección Testimonio La vida no tiene nombre
(narraciones). A Marcio no parece interesarle más tarde el camino hasta aquí trazado. El contacto con otras experiencias y
literaturas lo llevan a un arte de búsqueda con lo que inscribe su nombre en las vanguardias. Cuando pertenece a «El Puño»
ya la ruptura se ha producido, lo que se evidencia en su libro de entonces Los ángeles de hueso que aparece bajo la rúbrica
de esta agrupación y que viene a sentar las bases para una nueva modalidad de narración en nuestro medio. Sus incursiones
en la poesía, teatro, novela, cuento breve, arqueología, periodismo, magisterio, lo convierten en una figura brillante, polifacética
y combativa. Podemos decir que la línea conductora de toda su obra parte y se mantiene entroncada en los temas bíblicos que
el escritor utiliza con imaginativa destreza y propiedad. Aún permanece inédita parte importante de su novelística. En los
últimos años ha compartido sus actividades entre la narrativa y la arqueología. En el primer aspecto, y después de Los ángeles
de hueso, tras un paréntesis dedicado a la crítica (Cultura, teatro y relatos en Santo Domingo, Sobre cultura dominicana y
Sobre cultura política y cultural en la República Dominicana) se dedica a su producción novelística tocando los temas de su
preferencia: la revolución dominicana, la figura del dictador, las vivencias de su infancia en el barrio de Villa Francisca
y una pequeña novela inspirada en la arqueología, Florbella. Es la época de Cuentos, recuentos y casicuentos, y de sus novelas
cortas.
En La fértil agonía del amor Veloz Maggiolo se muestra como un verdadero
maestro en el género del cuento, impregnando la realidad con una visión fantástica del mundo. Estamos ante una personalidad
totalizadora de nuestra cultura, cuyo verbo por un lado nos entrega el conocimiento científico de nuestra prehistoria, dejando
abierto por el otro lado los infinitos vuelos del espíritu. Se ha graduado en Técnicas de Arqueología por la Universidad de
Madrid (1970) donde también recibe el Doctorado de Historia de América (especialidad en Prehistoria). A su regreso al país,
y tras serias investigaciones en ese ramo, publica un libro fundamental para el conocimiento de nuestras raíces culturales:
Arqueología prehistórica de Santo Domingo. Fue director de investigaciones del Museo del Hombre Dominicano, editor y director
de la Revista Dominicana de Antropología, licenciado en Filosofía por la Universidad Autónoma de Santo Domingo, miembro correspondiente
de la Academia Dominicana de Geografía, de la American Anthropological Association y de la T.T. Historical Society, Trinidad‑Tobago.
Fue embajador en México durante el gobierno de Juan Bosch, posteriormente embajador en Roma, fundador y primer director del
Departamento de Extensión Cultural de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (1966‑1968) y profesor de este centro
académico. En 1994 fue galardonado con el Caonabo de Oro.
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